sábado, 11 de agosto de 2012

ABANDONO

     Escribo esta carta con la incertidumbre de no saber qué hacer con ella. ¿La tiro al cesto de papeles? ¿Te la dejo por allí, a la vista? ¿Junto valor y te la leo? Y la pregunta del millón: ¿llegarás a responderme? ¡Bah! A esta altura del partido, a decir verdad, no me importa. Tal vez tampoco te importen a vos mis reflexiones y sufrimientos. Pensándolo bien, ya no me interesa siquiera lo que opines, porque estoy convencida de que no sentís nada. ¡Si tenés el alma de acero y el corazón de lata! Pero, al menos usaré esta servilleta como secante, para absorber toda la bronca que voy a destilar, que te puedo asegurar que es mucha. 
     No sé por donde empezar... ¿luces o sombras? Bueno... Antes que nada, quiero que sepas que te tenía una confianza ciega, ilimitada. ¡No es para menos! ¡Fueron tantos años juntos! ¿Quince? No, no, trece. ¡No recuerdo con exactitud! ¡No importa! Solo vos y yo. ¡Vivimos tantas experiencias hermosas! Sabés, contigo hubiera ido hasta el fin del mundo, despreocupada y contenta, y tan solo con tu presencia me hubiera sentido segura, protegida, completa. Pero, después de lo que ocurrió hoy, ¡ese universo feliz se convirtió en chatarra! 
     Por otra parte, ¡te dediqué tanto tiempo! En realidad, te cuidé más que a mi misma, privándome en varias oportunidades de pequeños caprichos para satisfacer los tuyos. ¡Primero estabas siempre vos!
     Aunque me duela reconocerlo, debo confesarte que no te hubiera cambiado por nada ni nadie. Jamás pude imaginar mi existencia sin vos; creía que la vida se me haría cuesta arriba, intrincada, imposible. 
     ¿Dichosa? Sí, a tu lado fui dichosa. Pero no hay felicidad que dure cien años...
     Hoy me dejaste abandonada. ¡ Me a ban do nas te! ¡A mí! ¡Todavía no lo puedo creer! Aún sigo aquí, desconcertada, inerme al borde del abismo, con los ojos desorbitados ante la ineludible realidad.
     Nunca pensé que me harías esto! Otro sí, pero vos no. ¡Qué ingenua fui, por Dios!
     Debo admitirlo: estoy muy, muy dolorida por tu grosera actitud. 
     Sin embargo, no hay mal que por bien no venga... En realidad, ya me tenías harta con tus ñañas. 
Ahora que lo pienso bien, de un tiempo a esta parte te habías convertido en un anciano achacoso.
     Pero, de todas maneras ¡esto no te lo perdonaré jamás! 
     ¿Sabés qué hora es? ¡Son las tres de la mañana, estoy a veinte kilómetros de casa y está lloviendo! Estoy calada hasta los huesos por tratar de arreglar lo que ya no tiene remedio.
     ¡Basta, queridito!  ¡Se me acabó la paciencia! Después de todo, fuiste vos quien puso punto final a nuestra añeja relación, por lo tanto, no habrá ningún remordimiento de mi parte.
     Aquí tengo la tarjeta, dice clarito: crédito  i li mi ta do. Hoy mismo, voy a cualquier agencia y me compro un último modelo con caja automática y aire acondicionado.
     ¡Chau! ¡Adiós para siempre! 


                                                                AMAR AMANDO - EPISTOLARIO

                                                                Cáthedra  BUE - 2005





"Las bodas de Fígaro"  RAFAL OLBINSKY 


"Soledad paranoico-crítica" - SALVADOR DALÍ- 1935









1 comentario:

  1. ya lo habia leido, pero me deleité nuevamente al recordarlo...genial el remate como siempre!!

    ResponderEliminar

GRACIAS POR SU VISITA